Era una película de poesía, o una poesía disfrazada de película.
Se prendió la luz, se encendió la cámara y solo se vieron sus ojos.
Silencio total.
Se corta el aire unos segundos demostrado en sus sonrisas, pero los ojos se estremecieron tanto tanto que se notó en todos los rincones de los cuerpos, por lo menos en su cuerpo.
Y pasaron las horas y las voces se enlazaban, y se hacía de noche y los sueños brotaban. Se escondían las palabras por el miedo a tener frío, pero estaban criando en secreto silencios que hablaban más que mil palabras en una canción.
Las almohadas nerviosas las iban empujando a imaginar momentos con la ayuda de las estrellas (que brillaban más que nunca) y el fresquito refrescante de la noche. Cuánto quería una de ellas escapar corriendo hasta tomarla de la mano y caminar, caminar, caminar, caminar... y no dormir, simplemente caminar sin toparse con nada más que sorpresas y la extraña sensación de esas manos que tanto se entienden.
Es un cuento de terror por momentos y uno de fantasía por otros momentos que sí, son más lindos, se resume diciendo que es un problema de colores que suenan a algo tan invisible pero tan sentido como las más plenas y fuertes alegrías.
Habían flores en el camino que se iban iluminando mientras ellas pasaban caminando y caminando, las manos viviendo más que sus corazones, como si fuera todo un plan para no dejarse ir. El silencio siempre protagonista y representante de tantas palabras que preferían callar, o mejor dicho, palabras que disfrutan el juego de callar e imaginar, en realidad, un simple juego de las escondidas pero con un reprimido deseo de ser encontradas.
Y un poco sospechando si es un sueño o la realidad ella no quería dejar de caminar y su mano no quería soltar, moría por encontrar la fórmula para congelarlo todo y regalarle un momento de esos tan ciertos a la vida y cruda realidad.
Esta vez, era tan imponente el silencio, que incluso representaba su canción, todos lo escuchaban, nadie lo miraba y lo mejor de todo es que nadie lo sufría. Sus manos, sus ojos y las flores encendidas fueron el momento más eterno y todavía la Locura lo está esperando.
No sé escribir novela rosa, me sale negra. Lo intento, pero cada página me sale más negra.
miércoles, 28 de septiembre de 2016
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