jueves, 21 de junio de 2018

Nuestros besos

Las almas de repente se calmaron como el mar cuando anochece.
Nos regocijamos en el silencio que supimos encontrar.
Los labios se transformaron en besos, nuestros besos.

Ya las voces son las nuestras,
las risas son nuestras risas
y tus muecas siguen generando eso en mí.

Todavía no se cuando acariciarte,
pero quiero hacerlo todo el tiempo.
A veces no se como abrazarte,
pero quiero hacerlo todo el tiempo.

Siento que te extraño incluso cuando te estoy mirando.
Quiero escribirte poemas y cantarte al oído.
Los labios se transformaron en besos, nuestros besos.

Quiero contarte que cuando me voy, sonrío.
Quiero decirte que cuando te pienso, sonrío.
Quiero explicate porqué te quiero conmgio.

Esos besos que se transforman en momentos,
me transforman la piel.
Cada parte de mi cuepo te reconoce,
te pide, te siente.

Si pudiera hablar por mi cuerpo,
este poema sería eterno.
Te siento en cada sensación,
desde la panza hasta terminar en lo más íntimo de mí.

No se como terminar este poema,
prefiero regalarte sensaciones
y dejar los finales para cuando vayamos a dormir.


martes, 19 de junio de 2018

El miedo

El miedo me transforma en un cuaderno de desesperación,
toda esa bohemia tan mía de repente desaparece,
se va y se econde tan bien que hasta llego a olvidarla.

Me late fuerte el corazón,
las manos me tiemblan.
Esta vez fue la primera vez.
estuve sentada frente a frente con el miedo.

Ese miedo que me hizo hasta perder un poco la cordura,
hablar sola y decirme que la calma llegará.
El miedo me hace hablar susurrando pero en voz alta.
Me apreté las manos y necesité la luz prendida.

Con el sol, llegó la libertad de todo ese miedo 
que había pasado la noche apretandome el pecho.
Es como si se hubieran soltado miles de globos al cielo,
pero con más enojo que una poesía.

No eran lágrimas romántincas, ni sensibles.
Eran bombas de dolor y angustia.
Bronca de esa que viene con conjoga. 

Esas fueron mis lágrimas, asustadas.
El primer rayo de sol les dio el calor 
que necesitaban para salir a gritar.

El miedo me hizo no querer volver.
Pero volví. Con una furia tan viva pero tan sensible
como las lluvias de verano con los truenos, volví.

Y después volví a volver.
Vi en sus ojos el perdón, me lo dijo su abrazo.
Y yo nuevamente lloré,
pero esta vez lloré
por el vacío que dejó el miedo tormentoso de la noche anterior.

Le pedí que entienda mi amor,
pero que no olvide mi miedo,
ese miedo que hizo revivir la desolación,
cuando más protegida debía dormir. 

miércoles, 6 de junio de 2018

11.48 a.m

Entonces llegó esa mañana en la que todo se hizo muy difícil.
Las llaves perdidas son en realidad la mente distraída, el auto apagado es en realidad la mente distraída.

Pensando, siempre meditando, a veces ni siquiera  se bien en qué. Llegó como empezó, la mañana de hoy. Fría, sin despertador. Dejando todo detrás y entendiendo que finalmente confío en mí y en mi poder de caminar, de avanzar.

Puedo decidir, puedo determinar pero entre tantas cosas hermosas que puedo, me choqué con un cansancio cansado de jugar a esconderse. Entonces lloré.
Mis amigos en silencio, yo lloré.
Un par de lágrimas, patita en movimiento permanente, repetición de frases y de palabras, repetición de frases y de palabras, un trago de cerveza, aceptación y vuelta a la normalidad.

Sí, ahí entendí, asumí y me reí.

Segundo acercamiento.

 No me siento cómoda con lo que voy leyendo a lo largo de los años. Hay un año que no recuerdo bien que pasó, o en realidad sí solo que se m...