Entonces llegó esa mañana en la que todo se hizo muy difícil.
Las llaves perdidas son en realidad la mente distraída, el auto apagado es en realidad la mente distraída.
Pensando, siempre meditando, a veces ni siquiera se bien en qué. Llegó como empezó, la mañana de hoy. Fría, sin despertador. Dejando todo detrás y entendiendo que finalmente confío en mí y en mi poder de caminar, de avanzar.
Puedo decidir, puedo determinar pero entre tantas cosas hermosas que puedo, me choqué con un cansancio cansado de jugar a esconderse. Entonces lloré.
Mis amigos en silencio, yo lloré.
Un par de lágrimas, patita en movimiento permanente, repetición de frases y de palabras, repetición de frases y de palabras, un trago de cerveza, aceptación y vuelta a la normalidad.
Sí, ahí entendí, asumí y me reí.
No sé escribir novela rosa, me sale negra. Lo intento, pero cada página me sale más negra.
miércoles, 6 de junio de 2018
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