martes, 23 de agosto de 2016

04


Sí, una vez el mundo se pausó y en el silencio nacieron algunas criaturas de color.
En esa pausa que no fueron segundo ni minutos, por eso no llegaron a ser horas, se revelaron todas las palabras que nunca se dijeron, florecieron todas las semillas que no se sembraron y murieron los dolores incurables.
Se besaron los que no se conocían y se abrazaron los que estaban en guerra.
El silencio cobró sonido en el viento y el mar se planchó para que los piratas pudieran tirarse a nadar.
Una tarde creen que fue, pero una noche duró. Las estrellas bailaban al rededor del sol creando una imagen que cegaba a quienes no podían de mirar.
No hubo dios, no hubo fe, no hubo criterio ni opinión.
Se preguntaban las personas si de esto se trataba morir, o soñar, pero nadie pudo contestar con verdad porque el estado era un abrazo eterno y profundo del mundo con el mismo, en el que el resto de los seres humanos quedaron en segundo plano.
Fueron piso del universo que quiso estirar las rodillas para sentirse vivo después de tanto peso soportar.

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