El reflejo de los recuerdos que vienen del futuro a ser lo que todavía no son.
Mi nombre en tus cuentos.
Mis labios en tus poemas.
Vos metido en mi mente.
Yo admirandote, te leo, nos leo, te escucho.
La confianza que triunfa con solo una mirada sin cuestiones que busquen un porqué-.
Te mostré mi intimidad.
No me importó tu historia.
Me despojé de pudores y me sentí.
Yo pensándote, te siento, nos siento.
El poder de la intelectualidad de remover, estimular el físico y vapulear con descaro las leyes de atracción.
No me importó tu edad.
No me interesa tu estado civil.
Solo leí las primeras palabras escritas para mí y entonces...
Entonces todo cayó, todo fluyó.
La claridad de lo que el cuerpo y la mente conjugan en una comunión.
No nos tocamos, no nos besamos,
pero sí.
Nos besamos, nos tocamos.
Dijiste algo de mis pecas eran cinco o siete las que habías podido contar.
Sos una mezcla de inspiración, excitación y protección.
Eso que tiene tu traje, tu corbata con mi pelo desprolijo y mis zapatillas rotas.
Es eso mismo que tienen tus palabras de perfecta pronunciación
contra mi aro en la nariz y mis tatuajes pasados de moda.
Eso que mi sonrisa te dijo y tu mirada me cuida.
Yo no conozco más que tu corazón, ese que explotaba por tus ojos.
Explotaban pidiendo un refugio, pidiendo silencio y comprensión.
Acá, una vez más mis brazos te encuentran para que puedas descansar.
Te acaricio los ojos,
Yo.
No sé escribir novela rosa, me sale negra. Lo intento, pero cada página me sale más negra.
jueves, 25 de octubre de 2018
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