Si me pongo a pensar en los daños que nos deja el desamor no tendría qué escribir, porque en un par de líneas puedo dejar con pocas palabras (principalmente miedo) bien claro lo que todos sentimos cuando nos duele el corazón. Es un proceso que todos conocemos por distintos motivos, como muy mecánico. Desolación, miedo, bla bla bla... aburrido.
La realidad es que hoy prefiero tomar en cuenta lo que yo hice para entender y abuenarme con el amor por culpa del desamor.
No es un poema, no es una nota, son palabras que quieren salir.
La deslealtad me sirvió de puente para la confianza, es paradójico, pero me alejó de las inseguridades, me fortaleció en creer. Creer en mis amigos pero principalmente, creer en mi intuición. Cuando los años van pasando los miedos van creciendo y las sensaciones del primer amor son como parte de un sistema de auto defensa que te lleva por caminos generalmente donde el insconsciente no se te despega. Te cuida la espalda, te cuida el corazón, te controla los "te quiero" y ni hablar de la intimidad.
Pensaba hoy, que soy afortunada por automáticamente tomar lo difícil como una oportunidad, por no querer salir corriendo cuando se repiten sensaciones que alguna vez me defraudaron. Me siento orgullosa de sentir y respetar mis sentimientos, darles la vida que merecen, corta, larga, intensa o solitaria. No me considero quién para frenar un sentimiento y cortar su vida o boicotear su intensisad por mis miedos o posibles futuras decepciones.
Le explicaba a mi cabeza hoy, que es importante lograr junto a alguien una individualidad marcada, viva, llena de contención. De esa manera, si somos sabios y pacientes, podemos seguir creciendo de modo personal hasta no parar más. Muy enredado pero muy estudiado.
Mientras más yo confíe, mientras más me abra hacia la otra mirada, más fuerte me siento en lo que soy, más yo soy, más transparentes son mis ojos y más claras mis respuestas. Mientras más yo soy, más lejos puedo llegar y mientras más lejos puedo llegar más tengo para dar. Mientras más doy, más me nutro y así una cadena perpetua de respeto por uno mismo.
Quizás mi visión idealista de que hasta los fantasmas sirven para romper miedos, no es para todos. Quizás es vacía, egoísta y utópica, pero es. Existe. Tengo que darle su lugar, tengo que dejarla en palabras para que alguna vez si alguien cree que es el único en sentirlo, entienda que somos más de dos.
Duele la traición, duele haber estado acostumbrado (atención a la conjugación verbal porque cambia el sentido de lo que quiero expresar), duele haberse visto defraudado principalmente por uno mismo, duele verse vulnerable ¿Hay peor enojo que el enojo con uno mismo? ¿Hay pero vergüenza que la vergüenza a uno mismo? Más duele lo que no dejamos vivir, más duele lo que pudo ser: "No hay nostalgia peor, que añorar lo que nunca jamás sucedió"...
Tanto pensamiento a veces asusta, la mejor brújula de mi destino siempre fue mi cuerpo. Los latidos, las ganas, los besos, las caricias, las lágrimas, las sonrisas y bueno, vamos a agregar mi arma incontrolable: las palabras.
No lo ignoro, no lo olvido y mucho menos lo escondo, lo potencio, lo deseo, lo dejo vivir-
No sé escribir novela rosa, me sale negra. Lo intento, pero cada página me sale más negra.
lunes, 28 de mayo de 2018
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